El reloj del Obelisco ya vuelve a dar las horas

24/12/2021 | Relojería Monumental | 0 Comentarios

En apenas un mes –tiempo record– el equipo de relojeros que ya había restaurado el Reloj de María Pita, y del que forma parte nuestro director José Antonio García Prado, ha “resucitado” el más emblemático de los relojes de A Coruña: el del Obelisco, que preside el Cantón Grande desde 1895.

Fue un trabajo complicado, ya que se desmontó el reloj por completo. Pero el equipo relojero, que, además de José Antonio Garcia, integran David Rodríguez, de Joyería Nemesio, y  Jaume y Joan Domenech, se comprometió a que volviera a funcionar en Navidad, y así ha sido.

Mientras los coruñeses estaban pendientes del Gordo de Navidad, en pleno centro de la ciudad los cuatro relojeros procedían a montar y ensamblar de nuevo la maquinaria, para que puntualmente, antes de Nochebuena, volviera a dar la hora.

No sólo hubo que revisar todas y cada una de las piezas, sino que muchas de ellas tuvieron que ser restauradas e incluso algunas debieron ser reconstruidas y ajustadas. 

Montaje del reloj del Obelisco
La altura del reloj hizo necesario el uso de una grúa para el montaje

En concreto, una pieza clave para el funcionamiento del reloj, una de las pletinas, estaba parcialmente rota, y hubo que fabricarla artesanalmente desde cero.

A la hora de recomponer el reloj y asegurarse de que volverá a funcionar correctamente, lo más complicado, tal y como explica José Antonio, fue ajustar la transmisión: hablamos de un mecanismo de 16 metros de altura, que conecta la maquinaria con el cardan que mueve las agujas –en la parte superior, que es la famosa bola del Obelisco con sus 4 esferas–. “Tiene que quedar perfecta, y con esas dimensiones, es un trabajo que requiere de una gran precisión”, puntualiza García Prado.

Durante el trabajo de restauración, los cuatro relojeros se encontraron con más dificultades de las esperadas. Y es que el reloj es muy antiguo, y llevaba mucho tiempo sin someterse a un arreglo integral como el que ahora se ha llevado a cabo.

Ahora, puesto ya en marcha, los relojeros someterán a esta máquina a una fase de control de unos 15 días, para asegurarse de que funciona con total precisión, sin retrasos ni adelantamientos.

Además el equipo de profesionales del que forma parte Postventa Relojeros,  ya está trabajando en nuevos proyectos del Ayuntamiento. El próximo paso será supervisar un problema en el reloj floral de los Jardines de Méndez Núñez.

Esferas del reloj del Obelisco
Interior de la parte superior del reloj, con tres de sus cuatro esferas ya colocadas

Un reloj peculiar y con mucha historia

El del Obelisco, punto de encuentro por excelencia de nuestra ciudad, es un reloj de cuatro esferas, cuyas agujas son movidas por una maquinaria situada en la base, con un movimiento de fuerza constante.

Para ello, dispone de un peso de unos 70 kilos, y hay que darle cuerda todas las semanas.

El reloj fue un encargo del relojero coruñés Emilio Vergue a Francia. Inicialmente, en dos de sus esferas daba la hora en la ciudad, y en las otras dos marcaba la de Madrid. Cuando se unificaron los horarios, se modificó para que todas las caras mostraran la misma hora.

El reloj del Obelisco jugó un papel muy importante en su época, ya que hablamos de finales del siglo XIX, cuando apenas unos cuantos privilegiados contaban con relojes de bolsillo, de manera que para la mayoría de los ciudadanos y visitantes, echar la vista a lo alto les permitía saber qué hora era.

En cuanto al origen, según cuentan los libros de historia, la idea surgió después de que atracara en el puerto coruñés el barco que transportaba a París el Obelisco de Luxor, para admiración de todos los vecinos de la ciudad herculina. Narciso Obanza y Ricardo Caruncho propusieron encargar un obelisco similar, dedicado al que fuera ministro durante la Regencia de María Cristina, el compostelano Aureliano Linares Rivas, a quien, de hecho, se dedica uno de los relieves en bronce que contiene el monumento.

Tras la ejecución en tiempo record de la obra, que tuvo un coste de 1.995 pesetas “de entonces”, el 10 de febrero de 1895, en medio de un temporal de lluvia, se inauguró el Obelisco, siendo alcalde José María Abella.

El original medía menos que el actual, pues su altura fue aumentada en 1951 hasta los actuales 18 metros, por mandato del alcalde Alfonso Molina, ya que los edificios del Cantón habían “crecido” tanto, que restaban visibilidad al monumento.

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